El análisis revela que, a pesar de que las emisiones de metano del sector energético se mantuvieron cerca de un nivel récord en 2023, las políticas y regulaciones sustanciales anunciadas recientemente, así como los nuevos compromisos derivados de la cumbre climática COP28 en Dubai, podrían impulsar una reducción significativa en un futuro próximo.
La AIE informa que la producción y el uso de combustibles fósiles generaron cerca de 120 millones de toneladas de emisiones de metano en 2023, mostrando un pequeño aumento en comparación con el año anterior. Sin embargo, gracias a las medidas anunciadas y los compromisos adquiridos en la COP28, se espera que estas emisiones comiencen a disminuir.
Los principales países emisores, responsables de alrededor de dos tercios del total mundial de emisiones de metano procedentes de combustibles fósiles en 2023, están tomando medidas para reducir su impacto. Estados Unidos, Rusia y China lideran la lista de emisores, con esfuerzos concentrados en áreas como la reducción de fugas en operaciones de petróleo y gas, así como en el sector del carbón.
El informe destaca el papel crucial de la tecnología satelital en la identificación y seguimiento de las emisiones de metano, revelando un aumento sustancial en las fugas detectadas en 2023 en comparación con el año anterior. Esto incluye eventos como un estallido de un pozo en Kazajstán que duró más de 200 días.
Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE, enfatizó la urgencia de reducir las emisiones de metano para evitar un calentamiento global peligroso, y señaló el impulso positivo visto en los últimos meses como un paso en la dirección correcta.
Se espera que los esfuerzos para reducir las emisiones de metano se intensifiquen en 2024 y más allá, con la COP28 marcando el inicio de un cambio radical en la ambición climática a nivel global. La participación de casi 200 gobiernos y el compromiso de reducir “sustancialmente” las emisiones de metano para 2030 son señales alentadoras.
Si bien los compromisos actuales podrían reducir las emisiones de metano de los combustibles fósiles en un 50% para 2030, la implementación efectiva sigue siendo crucial para alcanzar los objetivos climáticos internacionales.
El metano, aunque se disipa más rápido que el dióxido de carbono, es un gas de efecto invernadero potente, y reducir sus emisiones es esencial para limitar el calentamiento global y mejorar la calidad del aire a corto plazo.
Los avances tecnológicos, como los satélites especializados en la detección de fugas de metano, están facilitando el monitoreo y tratamiento de estas emisiones, aunque sigue habiendo discrepancias en los datos informados por las compañías y los países.
El compromiso global para reducir las emisiones de metano es una prioridad clave en la lucha contra el cambio climático, y la AIE está lista para apoyar al sector energético en la implementación de medidas efectivas para lograr este objetivo.